el portal de la naturaleza

¿Qué hacer con una rapaz herida?

Con cierta frecuencia, sobre todo si vivimos en lugares alejados de las grandes ciudades, en el campo o poblaciones rurales, pueden llegar a nuestras manos animales heridos, que no pueden valerse por sí­ mismos. El ámbito de un pueblo o pequeña villa propicia que una gran mayorí­a de sus habitantes conozcan la identidad de una persona amante de los animales y con inusitada presteza acudan a ella para tratar de encargarle los cuidados de las bestezuelas más curiosas.

PRIMEROS AUXILIOS A RAPACES HERIDAS


Las rapaces protegidas por la legislación vigente en muchos paí­ses, entre los que se cuenta España, sufren accidentes de distinta naturaleza. En principio hemos de separar dos grupos caracterí­sticos: jóvenes sacados o caí­dos del nido y adultos lesionados incapaces de procurarse alimento e indefensos ante antagonistas biológicos. Cuando tengamos un polluelo semidesarrollado, se comprobará cuidadosamente el estado fí­sico aparente del ejemplar. Esta exploración ha de realizarse sujetando firme, pero suavemente, la cabeza y patas del polluelo para impedir que nos produzca alguna herida al intentar defenderse. Con la mano libre por palpación, se comprueban las patas y alas para detectar una eventual fractura o herida por arma de fuego. Si existe lesión ha de consultarse lo antes posible con un veterinario, mientras simultáneamente se avisa al servicio encargado de la protección de la naturaleza, que aconsejará las medidas a tomar antes de que un funcionario pueda recoger el ave provisionalmente a nuestro cargo. Si aparentemente no se observan fracturas ni heridas, se intentará identificar la especie a la que pertenece el jóven emplumado, para adecuar la alimentación. Cuando no sea factible conocer el nombre del ave, se le ofrecerán trozos de carne fresca muy menudos que, en la mayor parte de las ocasiones, serán engullidos vorazmente. Si el polluelo rechaza el alimento varias veces en un lapso de seis a siete horas, no queda otra solución que embucharlo cuidadosamente, abriendo el pico con la mano izquierda e introduciendo pequeñas tiras de carne magra sanguinolenta en el buche con la otra mano, de forma que pase detrás de la lengua y no obture las fauces del ave. La ceba se repetirá cada tres o cuatro horas con pequeñas cantidades y siempre intentando que el animalito coma por sí­ mismo los ingredientes ofrecidos. Temporalmente se le ubica en un jaulón con tres caras tapadas, en el que se sitúa una percha como posadero, que estará en lugar protegido y poco iluminado. Cuando tengamos que intentar salvar la vida de un ave adulta, los problemas se acrecientan, pues la incapacidad de evolución indica fractura o lesión en las alas y a veces también en las patas.

Además, la potencia e intensidad de las agresiones que el animal herido y asustado intenta asestar, podrí­an causarnos daños importantes. Lo primero es 'encapuchar' al ave, tapándole los ojos con un capirote de cetrerí­a o un vendaje casero, fácil de quitar. Un examen minucioso nos puede permitir, de forma aproximada, el conocimiento y alcance de las lesiones que intentaremos curar en primera instancia hasta que pueda recibir el ejemplar la debida atención veterinaria. Vendajes de inmovilización y tablillas correctamente situadas ayudarán mucho, pero si no somos capaces de ejecutarlos, es mejor recoger el gran pájaro en una manta o pieza de lona sin moverle con exceso y llevarle urgentemente al
servicio oficial o clí­nica veterinaria más próxima. El alimento de los adultos se ofrecerá tras retirar el vendaje o capuchón en pequeños trozos de carne fresca asidos con pinzas que el ave picoteará de inmediato.
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