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Colibrí­es y neclarí­nidos

Aves generalmente tropicales, de bellí­simo colorido y canto variado, en el caso de los machos, pertenecientes al segundo grupo, que son considerados 'competencia de profesionales' por las dificultades tradicionales inherentes a su cuidado, mantenimiento y eventual reproducción, pero que, hoy dí­a, resultan bastante 'asequibles' por los adelantos técnicos, gracias al mejor conocimiento de la biologí­a de estos pajarillos.

MANTENIMIENTO DE COLIBRIES Y NECTARINIDOS


Los nectarí­nidos comprenden una familia de algo más de cien especies distintas, originarias de Africa, India, Malasia y archipiélago de la Sonda. Tienen generalmente un pico largo, muy afilado, que protege una lengua protráctil, tubular, a veces pegajosa en el extremo para facilitar la captura de pequeños insectos, aunque esencialmente succionen el néctar de las flores. Los machos de casi todas las especies tiene plumajes bellí­simos, vivamente coloreados y con reflejos metálicos iridiscentes, siendo además notables cantores.

Los colibrí­es, también llamados pájaros mosca, pertenecen a la familia de los Troquí­lidos, que consta de unas trescientas especies, generalmente sudamericanas; tienen un vuelo muy particular con rápido aleteo, que les permite quedar 'suspendidos' como helicópteros vivientes y alcanzan velocidades cercanas a los 100 km/h. Se alimentan en pleno vuelo, sorbiendo el néctar de las flores, gracias a su pico normalmente muy largo y especialmente constituido.

La convergencia entre Nectarí­nidos y Troquí­lidos es evidente y su distribución geográfica diferente, permitiéndoles ocupar nichos ecológicos similares.


Condiciones de cautividad

Fundamentalmente territoriales e intransigentes con otros representantes de su misma especie, deben vivir aislados o por parejas durante la   época reproductora, pero los colibrí­es toleran a otros machos de especies distintas, que podrán compartir su habitáculo. La 'jaula' para estas aves será más propiamente un aviario de 100 cm de longitud por 60 ó 70 cm de anchura y 1,5 m de altura, adosado a un vidrio de ventana, con la parte anterior de vidrio mate, perfectamente transparente y con los laterales de malla mosquitera. El techo, transparente, llevará por la parte exterior una rampa luminosa con tubos 'Gro-lux', 'luz total dí­a' e infrarrojos, y un termostato que regule una temperatura entre 20 C y 18-19 ºC en la estación frí­a. En el caso de los colibrí­es, pueden situarse plantas en el fondo y los costados, dejando un espacio lo más amplio posible donde puedan evolucionar con sus zumbantes vuelos.

El alimento ha de ser ofrecido, en ambos casos, en forma lí­quida y en unos bebederos especiales invertidos de boca fina, en los que estas avecillas puedan introducir el pico para subsistir. Los nectarí­nidos necesitarán, en general, un posadero suave desde donde libar los jugos nutritivos, pero otras especies, y casi todos los colibrí­es, toman el alimento en pleno vuelo.

Los ambientes muy bien dotados de vegetales tropicales, con una alta humedad relativa, permiten la limpieza del plumaje de estas joyas aladas. pero, en otros casos, deberemos preparar pulverizadores con agua destilada a 22-24 ºC de temperatura, con los que en breves nebulizaciones bañaremos a los nectarí­nidos.

Los aviarios equipados para alojar a estas especies tan exóticas pueden situarse en salones, y en nuestros climas siempre estarán ubicados en habitaciones cálidas, pero ventiladas y de ambiente puro.
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